Bullerengue: Herencia Viva, memoria cantada y territorio
Bullerengue: Herencia Viva, memoria cantada y territorio
La Biblioteca Escolar y Comunitaria Julio Ramón Ribeyro fue escenario de un encuentro profundamente significativo con las maestras Darlina y Arlenis Sáenz, herederas de la matrona Eloísa Garcés y representantes del grupo Cantares de Eloa, provenientes de Necoclí, Antioquia. La actividad hizo parte del proceso Bullerengue: Herencia Viva y se convirtió en un antecedente fundamental para la consolidación de la biblioteca como espacio de oralidad, memoria barrial, archivo vivo y encuentro comunitario.
Más que una entrevista, el encuentro fue una conversación con la memoria. Estudiantes, docentes, familias y comunidad participaron en una jornada donde el bullerengue apareció como palabra cantada, relato de vida, saber ancestral y forma de leer el territorio desde la voz de quienes han recibido y cuidado la tradición.
La jornada inició con una bienvenida cálida a las maestras invitadas y con el reconocimiento al proceso cultural que la Institución Educativa Distrital de Las Nieves viene construyendo desde 2024. Se destacó la importancia de abrir la escuela y la biblioteca a los saberes de la comunidad, a los artistas populares, a los portadores de tradición y a las memorias que muchas veces no aparecen en los libros, pero que viven en la voz, el canto, el tambor y los relatos de las personas mayores.
Este encuentro permitió reafirmar una idea central: la biblioteca no es solo un lugar para consultar libros, sino también un espacio para escuchar, preguntar, registrar, conservar y compartir las memorias del territorio. Cada historia contada por las maestras fue también una invitación a pensar la biblioteca como un archivo vivo de la comunidad.
Desde el primer momento, Darlina y Arlenis Sáenz compartieron su historia con alegría, sencillez y profundidad. Hablaron de su madre, Eloísa Garcés, como una mujer fuerte, amorosa y decisiva en la transmisión del bullerengue en su familia y en su territorio. Explicaron que el nombre Cantares de Eloa es un homenaje a esa herencia materna que sigue viva en cada presentación, en cada verso y en cada rueda.
Sus relatos permitieron comprender que el bullerengue no es solamente una expresión musical. Es también una forma de memoria familiar, de resistencia cultural y de transmisión intergeneracional. A través de sus voces, los estudiantes pudieron acercarse a la historia del Urabá antioqueño, a las formas de vida junto al río y el mar, a los oficios cotidianos, a las fiestas comunitarias y a las mujeres que han mantenido viva esta tradición.
Uno de los momentos más valiosos del encuentro fue la manera en que las maestras alternaban la conversación con fragmentos de canto. Cada respuesta abría una historia y cada historia parecía necesitar una melodía para completarse. Hablaron de lugares, palabras, costumbres y recuerdos de Necoclí; explicaron términos presentes en sus cantos y compartieron anécdotas de su infancia, de su madre y de las antiguas ruedas de bullerengue.
Los estudiantes escucharon con atención y descubrieron que una canción puede guardar una historia de amor, una despedida, una escena de la vida diaria, un recuerdo familiar o una forma de nombrar el territorio. En ese sentido, el encuentro permitió reconocer el valor documental de la oralidad: los cantos también conservan memoria, los relatos también son archivo y las voces de las maestras son fuentes vivas de conocimiento.
Durante la conversación, las maestras reflexionaron sobre los cambios que ha vivido el bullerengue con el paso del tiempo. Recordaron sus propios recorridos musicales, los festivales en los que han participado y el lugar cada vez más visible de las mujeres cantadoras en los escenarios. También hablaron de la importancia de cantar con respeto, de reconocer a quienes abrieron el camino y de entender la tradición como una responsabilidad colectiva.
Para los integrantes del semillero Raíces del Barrio, este encuentro tuvo un valor especial. Escuchar directamente a portadoras de tradición permitió fortalecer su relación con el bullerengue no solo como práctica artística, sino como una forma de identidad, disciplina, memoria y pertenencia. La experiencia mostró que los jóvenes no son únicamente espectadores de la tradición: también pueden convertirse en mediadores, aprendices, narradores y futuros cuidadores de la memoria cultural.
Este encuentro dejó aprendizajes, registros, fotografías, videos, relatos y preguntas que hoy hacen parte del camino hacia la construcción de un Archivo Vivo desde la Biblioteca Escolar y Comunitaria Julio Ramón Ribeyro. La actividad mostró la necesidad de documentar estos diálogos, organizar las memorias que surgen en ellos y ponerlas a disposición de la comunidad para que puedan ser leídas, escuchadas y compartidas por nuevas generaciones.
La visita de Darlina y Arlenis Sáenz confirmó que en la biblioteca pueden encontrarse distintas formas de lectura: la lectura de un libro, la lectura de una canción, la lectura de una historia de vida, la lectura de un territorio y la lectura de una tradición que sigue transformándose. También permitió comprender que los saberes populares merecen ser conservados con el mismo respeto que otros documentos escritos.
Al cierre del encuentro, las maestras recordaron que las antiguas ruedas de bullerengue ocurrían en patios, calles y espacios comunitarios, sin necesidad de grandes escenarios, porque lo más importante era la unión de la gente alrededor del canto, el tambor y la alegría compartida. Su mensaje a los jóvenes fue claro: mantener viva la tradición exige amor, respeto y compromiso.
La jornada terminó con emoción, gratitud y orgullo. Por unas horas, la biblioteca se convirtió en una rueda de memoria: un lugar donde la historia cantó, el territorio habló y la comunidad se reconoció en una tradición que sigue viva.
Este encuentro queda como uno de los antecedentes más importantes del proceso de memoria, oralidad y archivo comunitario que la IED de Las Nieves viene consolidando desde su biblioteca. Una experiencia que demuestra que la escuela también puede ser un lugar donde la memoria se escucha, se escribe, se canta y se comparte.
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