Mural, memoria y paz:
una jornada para narrar el barrio desde el arte
Mural, memoria y paz:
una jornada para narrar el barrio desde el arte
La Institución Educativa Distrital De Las Nieves vivió una jornada profundamente significativa con el lanzamiento del mural comunitario, una obra construida desde la memoria, el arte y la necesidad de narrar el territorio desde sus propias voces. El evento reunió a estudiantes, docentes, familias, líderes comunitarios, jóvenes del sector y colectivos artísticos en un espacio donde la cultura se convirtió en puente para el diálogo, la reconciliación y el reconocimiento de la vida barrial.
Más que la presentación de una obra visual, el lanzamiento del mural fue una experiencia colectiva de memoria. La jornada permitió mirar el barrio desde otros lugares: no desde el estigma, sino desde sus historias, sus talentos, sus heridas, sus posibilidades de encuentro y sus deseos de paz. En ese sentido, este evento se convirtió en un antecedente importante del proceso Archivo Vivo, que busca consolidar la Biblioteca Escolar y Comunitaria Julio Ramón Ribeyro como un espacio para recoger, organizar y compartir las memorias del territorio.
La actividad inició con muestras artísticas que conectaron a la comunidad con expresiones tradicionales del Caribe colombiano. La cumbia abrió el encuentro con su fuerza rítmica y simbólica, recordando que la danza también es una forma de narrar la historia colectiva. Luego, la muestra de la danza del caimán permitió reconocer la riqueza festiva, popular y patrimonial que atraviesa la vida cultural de la región.
Estas presentaciones no fueron simples actos de apertura. Funcionaron como una declaración de sentido: el barrio también se cuenta desde el cuerpo, desde la música, desde la danza, desde los gestos compartidos y desde las tradiciones que pasan de una generación a otra. Cada muestra artística preparó el ambiente para comprender que el mural hacía parte de una conversación más amplia sobre identidad, memoria y pertenencia.
Uno de los momentos más importantes de la jornada fue la proyección de un video con entrevistas a estudiantes vinculados a dinámicas difíciles del sector. Sus voces permitieron acercarse a realidades que muchas veces se mencionan desde afuera, pero pocas veces se escuchan con atención. A través de sus testimonios, la comunidad pudo reconocer historias de vida marcadas por el contexto, pero también por deseos de cambio, búsqueda de oportunidades y necesidad de ser escuchados sin prejuicios.
Este momento tuvo un valor especial porque mostró que la memoria del barrio no puede construirse solamente desde las versiones oficiales o desde los relatos externos. También debe incluir las voces de los jóvenes, incluso aquellas que han sido señaladas, silenciadas o reducidas a una sola imagen. Escucharlos fue una forma de reconocer su humanidad, sus preguntas y su lugar dentro de la comunidad.
Después de la muestra audiovisual, se desarrolló un conversatorio en torno al mural, la convivencia, las juventudes, el territorio y las posibilidades de transformación desde el arte. El diálogo permitió que estudiantes, docentes y participantes reflexionaran sobre la importancia de crear espacios donde la palabra circule sin miedo y donde los conflictos puedan ser tramitados desde la escucha, la pedagogía y el reconocimiento mutuo.
El conversatorio reafirmó una idea central para la institución: la escuela no puede permanecer de espaldas a la realidad del barrio. Por el contrario, debe abrir caminos para comprenderla, acompañarla y transformarla. En este proceso, el arte se convierte en una herramienta poderosa para hacer visible lo que duele, pero también lo que une, lo que resiste y lo que puede cambiar.
Uno de los momentos centrales fue el recorrido por el mural. La comunidad pudo observar la obra, reconocer sus símbolos, conversar sobre sus imágenes y comprender el sentido de cada elemento representado. El mural fue leído como un texto abierto: una superficie donde aparecen memorias, rostros, colores, tensiones, sueños y señales de esperanza.
Este recorrido permitió entender que el mural no es solo una intervención estética del espacio escolar. Es también una forma de archivo comunitario. En sus colores quedan registrados fragmentos de la vida del barrio, de sus juventudes, de sus luchas y de sus deseos de transformación. Por eso, la obra dialoga directamente con la idea de Archivo Vivo: conservar la memoria no solo en documentos escritos, sino también en imágenes, voces, recorridos, relatos y experiencias compartidas.
La jornada tuvo un cierre profundamente emotivo con un saludo simbólico de paz entre exintegrantes de pandillas del sector. Este gesto, sencillo pero poderoso, permitió enviar un mensaje claro a la comunidad: la reconciliación es posible cuando existen espacios de diálogo, reconocimiento y voluntad de cambio.
El saludo no borró las dificultades del territorio ni simplificó los conflictos que atraviesan a muchos jóvenes. Pero sí abrió una imagen necesaria: la posibilidad de encontrarse de otra manera, de romper ciclos de enemistad y de construir nuevas formas de relación desde el respeto. En una comunidad marcada por tensiones sociales, este gesto representó una apuesta por la vida, por la convivencia y por el papel de la escuela como mediadora de esperanza.
El lanzamiento del mural comunitario dejó registros, testimonios, imágenes, conversaciones y aprendizajes que hoy hacen parte del camino hacia la consolidación de un archivo vivo del territorio. La actividad mostró que la memoria barrial no se guarda únicamente en fotografías antiguas o documentos escritos; también vive en los cuerpos que bailan, en los jóvenes que cuentan su historia, en los muros que hablan, en los saludos de paz y en las conversaciones que permiten mirar el barrio con más humanidad.
Desde la Biblioteca Escolar y Comunitaria Julio Ramón Ribeyro, este tipo de experiencias pueden ser recogidas, organizadas y compartidas para que nuevas generaciones comprendan su territorio desde una mirada más amplia, sensible y digna. El mural queda, entonces, como una obra visible, pero también como una puerta de entrada a muchas memorias que merecen ser escuchadas.
La jornada confirmó que la IED De Las Nieves sigue construyendo una escuela abierta al barrio, capaz de convertir el arte en palabra, la memoria en encuentro y la convivencia en una tarea común. Allí donde antes solo se veía conflicto, el mural propuso otra lectura posible: la de una comunidad que canta, baila, conversa, recuerda y se atreve a imaginar la paz.
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