La biblioteca suena a tambor: bullerengue, archivo vivo y memoria comunitaria
La biblioteca suena a tambor: bullerengue, archivo vivo y memoria comunitaria
La Biblioteca Escolar y Comunitaria Julio Ramón Ribeyro volvió a convertirse en un lugar de encuentro, escucha y memoria viva. Esta vez, sus libros, estanterías y paredes se llenaron de tambor, canto, danza y conversación durante el inicio del proyecto Bullerengue: Herencia Viva II, una jornada que reunió a estudiantes, familias, docentes, artistas, sabedores y comunidad alrededor de una tradición que sigue creciendo en el territorio.
El encuentro confirmó algo que la biblioteca viene construyendo con fuerza: leer no es solamente abrir un libro. También es escuchar una voz, seguir el ritmo de un tambor, reconocer una historia de vida, preguntar por el origen de una tradición y descubrir en el cuerpo que baila una forma profunda de memoria. Por eso, esta actividad se convierte en un antecedente fundamental del proyecto Archivo Vivo, una apuesta que busca consolidar la biblioteca como centro comunitario de oralidad, memoria barrial, documentación cultural y participación juvenil.
La jornada inició con una bienvenida a la comunidad y con el reconocimiento del valor de abrir la biblioteca a las expresiones vivas del territorio. El bullerengue llegó al espacio no como una actividad externa, sino como una forma de complementar los libros con voces, relatos, cantos y saberes transmitidos de generación en generación.
La Biblioteca Escolar y Comunitaria Julio Ramón Ribeyro se presentó así como algo más que un lugar de consulta: un espacio capaz de recibir a la comunidad, escuchar sus historias, registrar sus procesos culturales y proyectar nuevas formas de aprendizaje desde la oralidad. En sus mesas no solo se organizaron preguntas; también se tejieron vínculos entre jóvenes, artistas, familias y portadores de tradición.
Este encuentro reafirmó el papel de la biblioteca como un lugar donde los saberes del territorio pueden escucharse, organizarse y compartirse con nuevas generaciones. Allí, la palabra, el canto, la danza y la memoria comunitaria encontraron un espacio para permanecer.
El encuentro contó con la participación de Lucía Nieves, Reina Nacional del Bullerengue 2025; Yizlaine Zambrano, Reina Nacional del Bullerengue 2024 y directora musical del colectivo Raíces del Barrio; y Juan Sebastián Orozco Rueda, músico en formación y bailador vinculado a procesos de investigación y circulación de músicas tradicionales.
Su presencia permitió abrir una conversación sobre el bullerengue desde distintas miradas: la voz de mujeres jóvenes que han asumido la responsabilidad de representar una tradición ancestral, la experiencia de quienes se han formado desde la danza y la música, y los retos de las nuevas generaciones para acercarse al bullerengue con respeto, disciplina y amor por la raíz.
El diálogo no se quedó únicamente en lo artístico. También permitió reflexionar sobre el empoderamiento femenino, el papel de las mujeres en la transmisión de la tradición, la formación de jóvenes en contextos urbanos y la posibilidad de que el bullerengue contribuya a transformar los estigmas que pesan sobre barrios del suroriente de Barranquilla.
Uno de los momentos más significativos fue la muestra artística del grupo Raíces del Barrio. El semillero compartió con los asistentes una presentación que dejó ver el camino recorrido por niños, adolescentes y jóvenes que han encontrado en el bullerengue una forma de aprender, participar, expresarse y reconocerse como parte de una memoria colectiva.
La muestra no fue solo una presentación musical. Fue una evidencia viva de cómo la biblioteca puede dialogar con los procesos culturales juveniles del territorio. Allí donde antes podía haber silencio, ahora hay preguntas, tambores, coros, palmas, cuerpos en movimiento y jóvenes que empiezan a entender que también pueden ser portadores, mediadores y narradores de la tradición.
Cada ensayo, cada canto, cada pregunta y cada presentación va dejando huellas que pueden convertirse en memoria comunitaria. La biblioteca, como espacio de encuentro y cuidado de esas voces, tiene la posibilidad de conservar estos registros y hacerlos circular como parte de la historia cultural del barrio.
Durante el conversatorio, los invitados reflexionaron sobre preguntas esenciales: qué significa para una mujer joven representar un legado ancestral, cómo se aprende el bullerengue sin perder el respeto por la raíz, qué lugar tienen los territorios urbanos en la continuidad de esta tradición y cómo puede el tambor ayudar a sanar el tejido social.
Estas preguntas permitieron que la biblioteca funcionara como un verdadero espacio de pensamiento comunitario. Los asistentes no fueron simples espectadores; participaron desde la escucha, la pregunta, la memoria y el reconocimiento de sus propias experiencias. La conversación mostró que la tradición no se conserva repitiéndola de manera vacía, sino comprendiéndola, preguntándole, documentándola y transmitiéndola con responsabilidad.
El encuentro también dejó una enseñanza importante para los jóvenes: acercarse al bullerengue exige respeto, constancia y humildad. No se trata solo de aprender pasos, cantos o ritmos, sino de reconocer la historia de quienes han sostenido esta tradición durante generaciones.
Después del diálogo, la jornada dio paso al taller práctico de danza. La teoría se volvió cuerpo. Las palabras se transformaron en movimiento. Los participantes se acercaron al bullerengue desde la práctica, siguiendo orientaciones, reconociendo pasos, escuchando el tambor y entendiendo que la rueda es también una forma de comunidad.
Este momento permitió que la biblioteca se expandiera simbólicamente. Ya no era solo un espacio de lectura silenciosa, sino un lugar donde la comunidad podía aprender con el cuerpo, con la voz y con la presencia compartida. La rueda de bullerengue cerró la jornada como una imagen poderosa de colectividad: todos alrededor de una misma tradición, todos aprendiendo desde el respeto, todos haciendo parte de una memoria que no pertenece a una sola persona, sino a una comunidad.
El Encuentro de Reinas y Bailador dejó mucho más que una actividad cultural. Dejó preguntas, fotografías, videos, relatos, aprendizajes, testimonios, nombres propios y experiencias que alimentan la vida comunitaria de la Biblioteca Escolar y Comunitaria Julio Ramón Ribeyro.
También confirmó que el bullerengue es una fuente viva de lectura, escritura y oralidad. Sus cantos guardan historias; sus bailes conservan gestos antiguos; sus ruedas enseñan convivencia; sus maestras y maestros transmiten saberes que deben ser escuchados, registrados y compartidos.
La jornada demostró que una biblioteca también puede sonar a tambor. Puede cantar. Puede bailar. Puede preguntar. Puede reunir a distintas generaciones alrededor de una memoria común. Y, sobre todo, puede convertirse en el corazón de un territorio que quiere narrarse con dignidad, alegría y esperanza.
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